Aulas para el pensamiento empresarial

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En Nicaragua es casi utópico hablar de “empleos del futuro” cuando nuestros “trabajadores o empresarios del futuro” no están dentro del camino adecuado para el desarrollo de las competencias laborales que promuevan un desarrollo personal y ciudadano, del incremento de la productividad empresarial, de la transformación productiva y de mayor competitividad. Esto según análisis del abogado Juan Manuel Sánchez Ramírez, Máster en Control Financiero, con más de 15 años en Dirección Estratégica y Operativa de Organismos Públicos y Privados

Según diagnósticos de organismos nacionales e internacionales, el nivel educativo de los nicaragüenses es de apenas 5.6 años de escolaridad, con una inequidad muy grande, porque en el campo es de solo 3.6 años y en lo urbano es de 7 años. “¿Adónde vamos si esa es nuestra meta como país? ¿No aspiramos a tener al menos 12 años de escolaridad, los cuales según la Cepal, son el umbral educativo mínimo para mantener al ciudadano fuera de la línea de la pobreza? Y si esto último es lo que queremos, ¿cómo articularemos los esfuerzos para lograrlo en los próximos veinte años?”, se cuestiona el doctor Sánchez Ramírez.

 

Para este especialista, el efecto de este rezago educativo se siente en el empleo juvenil, que es uno de los principales problemas de nuestro país, y al mismo tiempo, el mayor reto para las empresas. Según datos recientes de la Plataforma Nacional Juvenil, al menos seis de cada diez jóvenes están activos económicamente. “Sin embargo, casi el 80% de ese empleo es informal: en empresas de baja productividad, con muy bajos salarios, no hay prestaciones, seguro social o aguinaldo para el joven trabajador”, señala.

La formalización de los negocios, según el experto “y en especial, la incorporación de los jóvenes a las planillas de las empresas, implica llevar a cabo la renovación de las mismas sin traumas, para dotarlas de la actitud y los conocimientos específicos que necesitan a corto y a medio plazo, a fin de asegurar su propia supervivencia”.

Esta visión positiva de la responsabilidad de la empresa, encuentra gran resistencia en su aplicación práctica, porque no ha llegado todavía a formar parte del corazón de la empresa. Las pocas empresas que lo hacen lo miran como el brazo social de su negocio.

La otra cara de la moneda que nos muestra el doctor Sánchez Ramírez, son los centros educativos. Estos deben de adaptar sus metodologías ya que la formación profesional tiende hacia el modelo dual. “Si tradicionalmente el 75% del tiempo era teoría, y 25% práctica, el nuevo modelo formativo requiere que se invierta el número de horas: 75% práctica, 25% teoría, proporcionando una mayor sensación real del joven estudiante con el mundo laboral”, afirma.

Esta relación entre centros educativos y el mundo empresarial pasa por iniciativas como

a) Herramientas para la “conexión empresarial”: conformar consejos asesores en los centros, definir rutas formativas y laborales, elaborar mapas ocupacionales, participar del diseño y evaluación de los programas académicos, actuar como profesores visitantes, entre otros

b) Convertir a la empresa en un aula para el desarrollo de pensamiento empresarial: crear espacios para que la empresa reciba a los jóvenes durante un período de horas, como un mero observador (diferente de pasantía) del entorno y de la dinámica empresarial, mientras cursa su programa académico

c) Transferir tecnología y conocimientos que fortalezcan la docencia: plataformas de educación virtual y las prácticas laborales para los docentes, que de previo deben de adquirir los nuevos conocimientos para luego enseñar a los jóvenes; y…

d)…el voluntariado corporativo, por el cual los empresarios o profesionales exitosos acompañan de manera personalizada, durante un período, a jóvenes que inician su primera aventura empresarial, con el objetivo de ayudarles a consolidar y hacer crecer sus nuevos negocios.

Para el doctor, la buena voluntad es más fuerte que una ley o una política pública. El empresario debe dar un paso al frente, asumir un papel más proactivo para que los centros de formación, adapten sus contenidos a lo que la empresa necesita. “Adentrarse y participar activamente en el proceso de formación de los jóvenes para incrementar su empleabilidad, es la gran necesidad y oportunidad”, concluye.

 

 

2017-10-20T16:22:56+00:00