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CARDENAL MIGUEL OBANDO RECIBE AUTÓGRAFOS Y LA GACETA DIARIO OFICIAL DONDE ES DECLARADO PRÓCER NACIONAL DE LA PAZ Y LA RECONCILIACIÓN

11Esta mañana la Junta Directiva, diputados y diputadas de la Asamblea Nacional, entregaron en un solemne acto realizado en el Auditorio Central Cardenal Miguel Obando, de la Universidad Católica Redemptoris Máter, UNICA, el autógrafo y la publicación de la Ley No. 924, en donde Su Eminencia Reverendísima Cardenal Miguel Obando es declarado Prócer de la Paz y la Reconciliación.
En el acto participaron el presidente del CSE Magistrado Roberto Rivas Reyes; la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia magistrada Alba Luz Ramos; el Inspector General del Ejército Mayor General Adolfo Zepeda; la Directora de la Policía Nacional Primera Comisionada Aminta Granera y otros funcionarios. Del mismo modo hicieron presencia autoridades académicas, personal administrativo de UNICA, estudiantes y personal docente.
Tambien asistieron Su Eminencia Reverendísima Cardenal José Leopoldo Brenes, el obispo de León Bosco Vivas y otros miembros de la Iglesia Católica de nuestro país.

Compartimos el discurso que Su Eminencia Reverendísima Cardenal Miguel Obando, el que ofreció a los asistentes por este merecido homenaje.

¡Muchas Gracias!
Mi primer sentimiento de agradecimiento es para Dios, creador del cielo y de la tierra, el que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida y en la misión que recibí, y en razón de él todas las vicisitudes que hemos vivido en nuestra historia tienen un profundo valor salvífico.
Al Señor Jesucristo que me ha dado fuerza y me puso a su servicio. Él nos constituye mensajeros de la reconciliación y todo lo que ha sucedido ha sido en realidad para ayudar a la causa del Evangelio. Me hice sacerdote para servir y sentí la mirada de su llamada como la sintieron los apóstoles.
Igualmente doy gracias a la Santísima Virgen María que ha sido mi estrella en la evangelización, la Madre que su Hijo nos confió en el momento de consumar su sacrificio redentor. Ha fortalecido mi fe, me ha dado seguridad y ternura, y como Juan Diego, escucho sus palabras: “No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?
Agradezco la fineza del señor Presidente Daniel Ortega y a doña Rosario Murillo, con quienes siempre y en todo momento estuvo el canal de comunicación abierto a pesar de la dura situación y de los difíciles momentos vividos en nuestra historia contemporánea.
El presidente Ortega siempre tuvo el deseo de construir la paz mediante la búsqueda del diálogo. Agradezco su gentileza de presentar ante la Asamblea Nacional la iniciativa de Ley para ser distinguido con tan honrosa declaración de ser Prócer Nacional de la Paz y la Reconciliación.
Agradezco a los honorables Diputados ante la Asamblea Nacional que tuvieron la bondad de acoger y aprobar la iniciativa. Agradecimiento extendido a las personas que manifestaron su testimonio en el proceso de consulta realizado por la Comisión respectiva: a mis hermanos obispos, Prelados de Honor de Su Santidad, sacerdotes, religiosas y laicos, con quienes hemos trabajado a través de tantos años y me han acompañado en las tareas pastorales.
Agradezco al valeroso pueblo de Nicaragua, verdadero artífice de la paz y la reconciliación y auténtico dueño de esta tan alta distinción de la cual soy solamente el depositario.
El nicaragüense se distingue por su valor, su talento y su disposición para el trabajo. A veces ha sido preciso cantar himno de guerra, ¿qué pueblo no lo ha cantado? Este pueblo puede bravamente presentar en su diestra el acero de guerra o el olivo de la paz, y hoy el país adelanta, y el progreso se hace notar.
Mi vocación de siempre fue ser sacerdote de Jesucristo para celebrar la liturgia, alabanza de Dios y la santificación de los hombres, para administrar los sacramentos de salvación que muestran la misericordia del Padre, y para tener los mismos sentimientos que tuvo Jesús que predicaba el Evangelio, perdonaba los pecados y atendía las necesidades materiales de la gente.
La misma misión pastoral me llevó a ser mediador en los momentos bélicos y conflictos políticos que hemos vivido. Además, también mi deber de ciudadano nicaragüense me llamaba a servir sin importar los riesgos, solamente pensando sanar heridas, evitar muertes, instar al diálogo y a la reconciliación como la única forma de alcanzar la paz que debemos construirla diariamente en la lucha contra la pobreza, la exclusión y la restitución de los derechos.
¿Qué me impulsaba? Me preguntaba: ¿En qué lugar pasó Jesús más tiempo en su vida? ¡En la calle! Predicando el Evangelio y dando testimonio a riesgo de ir a Jerusalén. Nunca he buscado honores ni distinciones ni primeros lugares. Mi única aspiración es, como dice san Juan de la Cruz: “En el ocaso de nuestras vidas seremos juzgados por el amor”; por el amor misericordioso de Dios y llegar a la meta en la esperanza de la resurrección y la vida eterna junto al Señor.
El papa Francisco convocó el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. En este Jubileo se abren puertas santas de misericordia para experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y que ofrece esperanza.
Es mi deseo que Nicaragua sea una gran puerta santa para que cada uno de nosotros experimentemos el amor a la patria que nos llama a trabajar unidos en paz y en reconciliación.
Muchas gracias a todos.